Terapia de Regulación Emocional Conciente
Propongo que pensemos juntos algo importante: Cómo acompañar a una persona con adicción activa que quiere iniciar un proceso de rehabilitación. Y digo “acompañar” porque justamente ahí existe una clave fundamental. Muchas veces (cuando alguien consume) la familia, los amigos y el entorno sienten frustración, desasosiego, desesperación. Aparecen entonces intentos de controlar, vigilar, o exigir cambios inmediatos. Es comprensible. Existe miedo, cansancio, impotencia. Pero muchas veces esas reacciones terminan aumentando el conflicto y el aislamiento. Por eso hoy quiero proponer una mirada alternativa: pensar las adicciones desde las TÉCNICAS DE REGULACIÓN EMOCIONAL CONSCIENTE
Operador Terapéutico Alejandro García Ruiz
¿Qué significa esto? Significa comprender que detrás de muchas conductas adictivas no hay “falta de voluntad”. Hay sí dificultades para tolerar emociones intensas, manejar impulsos o sostener el malestar sin escapar rápidamente. Las más de las veces (por no decir siempre) estas dificultades son enormes. La sustancia, cualquiera sea, aparece como una forma de alivio inmediato.
En una situación de adicción activa y ya desarrollada no se consume para buscar placer; se consume para apagar dolor, ansiedad, tristeza, vacío, enojo, culpa o desesperación. Esto es primordial entenderlo porque cambia radicalmente la manera de ayudar. Cuando una persona, conciente y convencidamente, quiere iniciar rehabilitación, no necesita un juez. Necesita un entorno que pueda acompañar con firmeza, pero también con conciencia.
Acompañar no implica justificar cualquier actitud. Tampoco significa rescatar constantemente al paciente y, mucho menos, controlar cada movimiento de la persona. Acompañar significa contribuir a crear condiciones para que el otro pueda recuperar algo fundamental: la capacidad de detenerse antes de actuar impulsivamente. Desde las técnicas de regulación emocional consciente trabajamos justamente eso: crear una pausa. Porque entre la emoción y la conducta puede existir una pausa y en esa pausa aparece algo clave: la posibilidad de elegir.
El problema de las conductas adictivas es que quienes las sufren funcionan en modo automático. Aparece ansiedad, vacío, angustia o tensión y el adicto quiere escapar inmediatamente. El escape es consumir, aislarse, reaccionar, descargar. Entonces, acompañar a alguien en rehabilitación implica ayudarlo a desarrollar algo que quizá nunca aprendió: a sostener una emoción sin actuar automáticamente.
¿Y cómo puede ayudar el entorno? Primero: escuchando sin humillar. Parece simple, pero no lo es. Muchas personas con consumo problemático viven atrapadas entre culpa y vergüenza. Y la vergüenza suele empujar a más aislamiento y más consumo.
Escuchar no significa estar de acuerdo con todo. Significa que la persona pueda sentirse mirada como alguien que está atravesando una dificultad; no como alguien destruido o perdido definitivamente. Segundo: ayudando a crear pausas. A veces ayudar no es dar grandes discursos. A veces es algo mucho más pequeño y profundo: “esperemos unos minutos”, “respirá”, “no decidas ahora”, “hablemos antes de actuar”.
La regulación emocional consciente trabaja mucho sobre esto: bajar la urgencia del momento para que la persona pueda recuperar claridad. Porque cuando una emoción está en el punto máximo, el pensamiento se estrecha. Todo parece urgente, definitivo o insoportable. Pero las emociones cambian. Suben, se sostienen un tiempo y después bajan, aunque en el momento parezcan eternas. También es importante entender algo: acompañar no significa permitir cualquier cosa. Los límites son necesarios. Los límites ordenan, protegen y ayudan a que no aparezca la codependencia. A veces ayudar demasiado termina quitándole responsabilidad a la persona adicta. Y rehabilitarse también implica aprender a hacerse cargo progresivamente de las propias decisiones. Por eso hay una diferencia enorme entre acompañar y rescatar. Rescatar constantemente sostiene y profundiza el problema. Acompañar implica estar presentes sin reemplazar la responsabilidad del otro.
Y hay algo más que me parece importante decir: los procesos de recuperación no suelen ser lineales.
Muchas veces queremos cambios inmediatos. Pero en rehabilitación los avances pueden empezar mucho antes de una estabilidad completa. Pedir ayuda ya es un avance. Hablar honestamente ya es un avance. Poder tolerar ansiedad sin consumir durante un tiempo ya es un avance. La recuperación suele construirse en pequeños movimientos repetidos. Por eso es importante valorar procesos y no solamente resultados perfectos. Y para terminar, quisiera dejar una idea simple. La rehabilitación no consiste solamente en dejar una sustancia. Implica, fundamentalmente, adquirir nuevas maneras de habitar las emociones, relacionarse con el malestar y responder a los impulsos. En definitiva, implica recuperar conciencia allí donde antes había reacción automática. Y acompañar a alguien en ese proceso no es caminar adelante arrastrándolo ni atrás empujándolo. Es caminar cerca. Lo suficientemente cerca como para sostener. Y lo suficientemente lejos como para permitir que el otro aprenda a elegir por sí mismo.
VOLVER A MATERIALES