El concepto de regulación emocional implica que las personas no solo tienen emociones; también tienen la capacidad de modificarlas. La regulación emocional es el proceso mediante el cual las personas gestionan, modulan, y controlan sus emociones, con el fin de adaptarse a las demandas del día a día, cumplir metas, y mantener un bienestar emocional. Implica controlar y gestionar cuánto sentimos una emoción en un momento dado. Contempla la regulación de emociones tanto positivas como negativas. Por ejemplo, si nos sentimos extremadamente enojados, la regulación emocional permite reducir la intensidad de la rabia para evitar reacciones excesivas o desproporcionadas. Entonces, la regulación emocional es el proceso a través del cual las personas influenciamos la intensidad y duración de cada emoción con el fin de potenciar nuestro bienestar y alcanzar metas.
La psiconeuroinmunoendocrinología es un enfoque interdisciplinario que estudia cómo se vinculan mente-cuerpo-entorno. El sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endócrino interactúan y se interrelacionan incidiendo en la regulación de los procesos de salud-enfermedad, bienestar y calidad de vida. Esta disciplina, respaldada por investigación, afirma que los procesos psicológicos —como las emociones, los pensamientos, el estrés, la percepción y los estilos de afrontamiento— tienen efectos medibles sobre funciones biológicas que antes se consideraban autónomas o independientes. Este campo busca comprender esos vínculos para explicar cómo lo psicológico influye en la fisiología y, a su vez, cómo los cambios biológicos condicionan la experiencia subjetiva. Desde el punto de vista neurocientífico, este enfoque describe cómo el cerebro interpreta y procesa estímulos ambientales (externos) y psicológicos (internos), generando respuestas neuro-endócrinas que modulan hormonas, neurotransmisores y ciclos fisiológicos. Estas respuestas pueden activar o inhibir determinados componentes del sistema inmune, entre otros propender a inflamaciones, infecciones, o incidir en la velocidad de recuperación. Por ejemplo, se sabe que el estrés crónico eleva los niveles de cortisol por períodos prolongados, generando una sobrecarga alostática, afectando la capacidad del organismo para responder de manera equilibrada a desafíos inmunológicos. El componente inmunológico, por su parte, no solo responde al entorno, sino que también “dialoga” con el cerebro a través de señales químicas. Ciertas sustancias intermoduladoras pueden influir en el estado de ánimo, los niveles de energía y la motivación, lo que demuestra que la relación entre mente y cuerpo es bidireccional. Este intercambio continuo permite comprender fenómenos complejos como el impacto de las emociones, la influencia de la percepción del apoyo social, o los trastornos en el ánimo. En conjunto, la perspectiva de la PNIE ofrece un marco integrador para estudiar la salud humana en toda su complejidad. Propone que comprender el bienestar requiere atender simultáneamente factores biológicos, psicológicos y sociales, y que las intervenciones más eficaces son aquellas que reconocen y trabajan sobre estas interdependencias. Este enfoque abre puertas a tratamientos más integrales y a una visión más completa de cómo las personas se ven afectadas, se adaptan y sanan.
Inhalar profundo y exhalar despacio para recuperar calma y bajar la intensidad del impulso.
Entrenar la capacidad de detenerse antes de reaccionar y elegir una respuesta más saludable.
Observar dónde se acumula la tensión en el cuerpo para reconocerla y soltarla.
Cambiar frases de derrota por mensajes de autocontrol que fortalezcan la confianza.
Crear un gesto o palabra que active rápidamente un estado de calma.
Anotar lo que sentimos y qué lo dispara ayuda a descubrir patrones invisibles.
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Claudia Salgueiro Mondo Alejandro García Ruiz